Niña o niño jugando al aire libre en primavera, reflejando energía y regulación emocional infantil

Primavera y niñas y niños: emociones, cuerpo y ritmos cambiantes

27 abril , 2026

La llegada de la primavera no solo transforma el paisaje: también impacta a niñas y niños en su ritmo biológico, emocional y relacional. El aumento de la luz, la expansión de actividades al aire libre, los cambios en rutinas y el final de ciclos —como exámenes escolares o proyectos largos— pueden activar sensaciones diversas. Para algunas niñas y niños, la primavera significa más energía, juego y curiosidad. Para otros, puede ser una época de irritabilidad, fatiga, cambios de humor o desregulación emocional.

Comprender cómo las transiciones estacionales interactúan con el desarrollo infantil permite cuidarlos mejor, antes de que las señales de desgaste se vuelvan persistentes.

1. Luz, cuerpo y ritmos: ¿qué está pasando?

La luz solar es uno de los reguladores más potentes de los ritmos circadianos, que a su vez influyen en el sueño, el apetito, la energía y el estado de ánimo. Con la llegada de la primavera, las horas de luz aumentan, y aunque esto suele asociarse con más vitalidad, también requiere una adaptación fisiológica.

En niñas y niños, cuyos sistemas biológicos aún están en desarrollo, estas adaptaciones pueden manifestarse de formas variadas:

  • Cambios en los patrones de sueño (dificultad para dormirse o despertares matinales más tempranos).
  • Aumento de la energía física durante el día y resistencia al descanso.
  • Alteraciones en el apetito.
  • Mayor activación emocional o reactividad ante pequeñas frustraciones.

Estas variaciones no son patológicas en sí mismas sino respuestas adaptativas del cuerpo al cambio ambiental (Wirz-Justice & Benedetti, 2020).

2. Más luz, más estímulos: emoción y regulación

La primavera suele traer actividades más intensas: horarios extendidos, juegos al aire libre, salidas familiares o escolares, y encuentros con pares. Si bien esto es positivo en muchos sentidos, también multiplica los estímulos sensoriales y sociales, lo que puede sobrecargar la capacidad de regulación emocional de algunas niñas y niños.

La investigación en desarrollo infantil muestra que la regulación emocional —la habilidad para mantener la calma, modular la intensidad de las emociones y volver a un estado equilibrado después de un estímulo— se perfecciona gradualmente durante la infancia y la adolescencia (Denham et al., 2019). Durante esta etapa, un exceso de estímulos sin períodos suficientes de recuperación puede traducirse en:

  • Irritabilidad acusada.
  • Cambios bruscos de humor.
  • Conflictos con pares o adultos.
  • Dificultad para concentrarse en tareas.

En especial, las niñas y niños con alta sensibilidad sensorial o con dificultades previas de autorregulación pueden verse más afectados por las transiciones propias de la primavera.

3. Juego y movimiento: necesidad, no distracción

El juego es una necesidad básica en la infancia. A través de él se regulan emociones, se exploran relaciones, se procesan experiencias y se libera tensión acumulada (Ginsburg et al., 2017). La primavera, con sus días más largos y temperaturas más agradables, ofrece oportunidades ideales para el juego y la actividad física.

Sin embargo, si el juego se ve restringido por agendas muy estructuradas o por falta de espacios seguros, los niños pueden acumular frustración y energía no canalizada. Esto puede expresarse en conductas impulsivas o desafiantes.

Desde una mirada psicológica del desarrollo, fomentar espacios de juego libre, movimiento corporal y exploración al aire libre no es un lujo, sino una estrategia de salud mental que favorece:

  • La regulación emocional.
  • La resolución de conflictos.
  • La creatividad y la atención.
  • El bienestar general.

4. Sensibilidad emocional en primavera: atención temprana

Algunos niños pueden experimentar la primavera como una época de mayor sensibilidad emocional. Esto no significa que “algo esté mal”, sino que los cambios ambientales y relacionales potencian la expresión emocional. En este contexto, es clave:

  • Validar las emociones, sin minimizar (“no es para tanto”) ni dramatizar (“está exagerando”).
  • Acompañar sin apresurar soluciones, preguntando con curiosidad: “¿Qué está sintiendo tu cuerpo ahora?”
  • Ofrecer rutinas consistentes, que aporten seguridad frente a la variabilidad ambiental.

La evidencia indica que la capacidad de los adultos para responder de forma calmada y validante a las emociones infantiles es un factor protector para el bienestar emocional a largo plazo (Morris et al., 2021).

5. Rutinas y descanso: sostenes del equilibrio

La primavera suele alterar las rutinas, ya sea por eventos docentes, actividades extraescolares o simplemente por la dinámica familiar acelerada. Aunque la novedad puede ser estimulante, también puede dificultar los hábitos de sueño y descanso.

Los expertos coinciden en que dormir lo suficiente y mantener una rutina regular de descanso son pilares esenciales para la salud mental y física de niñas y niños. La falta de sueño se asocia con mayor irritabilidad, dificultades atencionales y aumento del estrés (Owens & Weiss, 2019).

Algunas estrategias útiles incluyen:

  • Establecer horarios consistentes de acostarse y despertarse.
  • Limitar pantallas antes de dormir.
  • Crear transiciones calmadas (lectura, música suave, abrazos).

Estos hábitos no solo mejoran el sueño, sino que también refuerzan la regulación emocional y el comportamiento durante el día.

6. Cómo acompañar desde la calma y la observación

Acompañar a niñas y niños en primavera no significa resolver cada malestar ni acelerar adaptaciones, sino estar disponibles para observar, validar y sostener. Algunas prácticas valiosas son:

  • Nombrar lo corporal: “Parece que tu cuerpo está muy activo hoy”.
  • Explorar juntos sensaciones: “¿Qué necesitas ahora: moverte, descansar o algo tranquilo?”.
  • Ofrecer opciones flexibles: “Podemos jugar afuera un rato o leer si prefieres calma”.
  • Crear espacios de desconexión: momentos tranquilos sin estímulos externos intensos.

Lo importante es que la niña o niño sienta que no está “solo con lo que siente”, sino acompañado sin juicio ni urgencia.

Conclusión

La primavera es una estación de cambio: física, emocional y relacional. Para niñas y niños, estos cambios pueden significar alegría y exploración, pero también activación intensa, cansancio o desregulación emocional. Escuchar sus cuerpos, identificar señales tempranas, validar emociones y sostener rutinas equilibradas permite que la transición estacional no se viva como una presión, sino como una oportunidad de crecimiento y bienestar.

Entender la interdependencia entre cuerpo, emoción y contexto es clave para acompañar con sensibilidad y eficacia. Con atención, respeto y espacio, la primavera puede convertirse en una estación que nutre, no solo estimula.

 

Referencias (APA 7)

  • Denham, S. A., Bassett, H. H., & Wyatt, T. (2019). Social and emotional learning in early childhood: What every policymaker should know. Early Education & Development, 30(3), 1–17. https://doi.org/10.1080/10409289.2019.1609625 
  • Ginsburg, K. R., American Academy of Pediatrics Committee on Communications and the Committee on Psychosocial Aspects of Child and Family Health. (2017). The importance of play in promoting healthy child development and maintaining strong parent–child bonds. Pediatrics, 119(1), 182–191. https://doi.org/10.1542/peds.2006-2697
  • Morris, A. S., Criss, M. M., Silk, J. S., & Houltberg, B. J. (2021). The impact of parenting on emotion regulation during childhood and adolescence. Child Development Perspectives, 15(4), 233–239. https://doi.org/10.1111/cdep.12421
  • Owens, J. A., & Weiss, M. (2019). Insufficient sleep in adolescents: Causes, consequences, and treatment strategies. Contemporary Pediatrics, 36(2), 1–10.
  • Wirz-Justice, A., & Benedetti, F. (2020). Chronobiology and mood disorders. Handbook of Experimental Pharmacology, 269, 295–318. https://doi.org/10.1007/978-3-030-32312-0_12