Persona sola observando el móvil en San Valentín, rodeada de símbolos románticos, reflejando comparación social y presión afectiva.

Presión social en San Valentín

11 febrero , 2026

San Valentín no solo activa expectativas en las relaciones de pareja, sino que también puede intensificar el malestar en quienes no tienen una relación romántica. La sensación de que “todo el mundo parece tener pareja” se ve amplificada por la exposición constante a redes sociales, campañas publicitarias y narrativas culturales que presentan el amor romántico como un marcador central de éxito personal y bienestar emocional.

Desde la psicología social, sabemos que las comparaciones sociales influyen de manera directa en la autoestima y el estado de ánimo. Cuando una persona se compara con otros percibidos como más “exitosos” en un ámbito valorado —en este caso, la vida afectiva—, es más probable que experimente sentimientos de insuficiencia, soledad o exclusión. San Valentín actúa como un amplificador temporal de este proceso.

Las redes sociales juegan un papel clave en esta percepción. La exposición a imágenes cuidadosamente seleccionadas de parejas felices puede generar una ilusión de norma: parecería que estar en pareja es lo habitual y que no estarlo es una anomalía. Sin embargo, estas representaciones suelen omitir conflictos, ambivalencias y realidades diversas, creando una comparación poco realista y emocionalmente exigente.

Esta presión social no afecta solo a personas solteras. También puede impactar en quienes están en relaciones que no encajan con el ideal romántico dominante, generando dudas, insatisfacción o la sensación de que su vínculo “no es suficiente”. El problema no es la ausencia o presencia de pareja, sino la jerarquización social del amor romántico como fuente principal de valor personal.

Desde una perspectiva psicológica, el bienestar emocional no depende exclusivamente del estado relacional. La investigación muestra que la calidad de los vínculos —amistades, relaciones familiares, comunidad— tiene un peso mucho mayor que el hecho de estar o no en pareja. Sin embargo, esta diversidad relacional suele quedar invisibilizada en fechas como San Valentín.

La presión social también puede activar narrativas internas de urgencia: la idea de que hay algo que “falta” o que se está llegando tarde a un supuesto calendario vital. Estas creencias pueden aumentar la ansiedad, favorecer relaciones apresuradas o mantener vínculos poco satisfactorios por miedo a quedarse fuera.

Cuestionar la norma no implica rechazar el amor romántico, sino ampliar el marco desde el que se entiende. Validar que existen múltiples formas de vinculación y que ninguna define por completo el valor de una persona es un acto de cuidado emocional. San Valentín puede convertirse así en una oportunidad para revisar qué vínculos sostienen realmente el bienestar cotidiano.

Reconocer el impacto de la presión social permite tomar distancia de ella. Entender que la sensación de “todo el mundo tiene pareja” es una construcción cultural y mediática —no una realidad objetiva— ayuda a reducir el autojuicio y a reconectar con necesidades afectivas más auténticas y menos impuestas.

 

Referencias 

  • Festinger, L. (1954/2018). A theory of social comparison processes. Human Relations.
  • Vogel, E. A., Rose, J. P., Roberts, L. R., & Eckles, K. (2014/2017). Social comparison, social media, and self-esteem. Psychology of Popular Media Culture, 6(3), 206–222.
  • Appel, H., Gerlach, A. L., & Crusius, J. (2016). The interplay between social comparison and envy. Journal of Personality and Social Psychology, 110(3), 431–449.
  • Musick, K., & Bumpass, L. (2015). Reexamining the case for marriage. Journal of Marriage and Family, 77(3), 680–696.
  • Kislev, E. (2020). Happy singlehood. Journal of Happiness Studies, 21, 2329–2348.