Ayudar a niñas y niños a expresar cómo se sienten
26 enero , 2026
La vuelta a la rutina y el malestar emocional
Después del periodo vacacional, muchas niñas y niños regresan a la rutina con emociones difíciles de identificar y expresar. El cambio de horarios, la separación de las figuras de apego, las exigencias escolares y el cansancio acumulado pueden generar malestar emocional.
Este malestar no siempre se expresa con palabras. En muchas ocasiones, es la conducta la que habla: irritabilidad, llanto frecuente, regresiones, dificultades para dormir o cambios en el comportamiento habitual.
El desarrollo emocional es progresivo
Desde la psicología del desarrollo sabemos que la capacidad para reconocer y nombrar emociones se adquiere poco a poco. No es realista esperar que la infancia pueda explicar su mundo interno con palabras complejas.
Cuando se exige una expresión emocional para la que aún no están preparados, suele aparecer frustración. Tanto en niñas y niños como en las personas adultas que los acompañan. Por ello, resulta fundamental adaptar los recursos emocionales a su nivel evolutivo.
El juego como lenguaje emocional
El juego es la principal herramienta de expresión emocional en la infancia. A través del juego simbólico, el dibujo, los cuentos o el movimiento corporal, niñas y niños pueden representar vivencias internas que todavía no saben explicar de forma directa.
Estos recursos permiten sacar la emoción fuera, reducir la intensidad del malestar y facilitar la regulación emocional. Además, ofrecen una vía segura para expresar lo que sienten sin sentirse juzgados.
Enero como momento sensible
Enero es un mes especialmente delicado a nivel emocional. La vuelta al colegio y a las rutinas puede activar emociones como tristeza, enfado, miedo o inseguridad.
Ofrecer espacios estructurados pero flexibles, donde estas emociones puedan aparecer sin ser corregidas o minimizadas, favorece la sensación de seguridad emocional y de comprensión.
Recursos emocionales útiles
Algunos recursos especialmente eficaces para acompañar esta etapa son:
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Juegos de cartas emocionales
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Termómetros o semáforos del estado de ánimo
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Cuentos que abordan emociones concretas
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Dramatizaciones con muñecos o animales
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Actividades artísticas como el dibujo libre o la música
La clave no está en cambiar lo que sienten, sino en validar la emoción y ponerle nombre.
El papel del adulto como mediador emocional
La figura adulta cumple un papel fundamental como mediadora emocional. Nombrar lo que ocurre (“parece que estás enfadado”), validar la experiencia (“tiene sentido que te sientas así”) y acompañar sin minimizar ayuda a que la infancia aprenda a regular sus emociones.
Evitar frases como “no es para tanto” o “no llores” previene la desconexión emocional y favorece una relación más segura con el propio mundo interno.
Un aprendizaje para toda la vida
Ayudar a niñas y niños a expresar cómo se sienten no solo alivia el malestar inmediato. También sienta las bases de una salud mental sólida a largo plazo.
Aprender que todas las emociones son aceptables y que pueden compartirse en un entorno seguro es un recurso protector que les acompañará durante toda la vida.
Referencias
- Denham, S. A. (1998). Emotional development in young children. Guilford Press.
- Eisenberg, N., Spinrad, T. L., & Eggum, N. D. (2010). Emotion-related self-regulation and its relation to children’s maladjustment. Annual Review of Clinical Psychology, 6, 495–525.
- Thompson, R. A. (2011). Emotion and emotion regulation. Developmental Psychology, 47(1), 1–9.
- Siegel, D. J. (2012). The developing mind. Guilford Press.
- Malti, T., & Noam, G. G. (2016). Social-emotional learning. Journal of Research on Adolescence, 26(3), 514–528.