Niña y niño mostrando cariño y amistad: abrazos, sonrisas, interacción respetuosa y juegos compartidos.

Educar en el afecto: más allá del “día del amor”

2 febrero , 2026

Febrero suele traer consigo mensajes intensos sobre el amor, generalmente asociados al vínculo de pareja y a gestos románticos muy concretos. Sin embargo, desde la psicología del desarrollo y la educación emocional, el afecto es un aprendizaje mucho más amplio y profundo que trasciende una fecha concreta y una única forma de relación. Educar en el afecto implica acompañar a niñas y niños en la comprensión del cariño, la amistad y el respeto como pilares básicos de los vínculos humanos.

Desde edades tempranas, la infancia construye sus primeras ideas sobre el amor a partir de las relaciones que observa y experimenta. El modo en que los adultos muestran cuidado, ponen límites, resuelven conflictos o expresan ternura se convierte en un modelo internalizado. Por ello, hablar de afecto no se reduce a conversaciones explícitas, sino que se transmite de forma constante a través de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.

Educar en el afecto no significa adelantar contenidos propios del mundo adulto, sino adaptar el lenguaje emocional al nivel evolutivo de niñas y niños. En estas etapas, el afecto se entiende principalmente a través de la seguridad, la presencia y la validación emocional. Saber que alguien les escucha, les cuida y respeta sus límites es la base sobre la que se construyen relaciones sanas.

Un aspecto clave es diferenciar el cariño del cumplimiento de expectativas. A veces, de manera inconsciente, el afecto se condiciona al comportamiento (“te quiero si te portas bien”), lo que puede generar confusión emocional y miedo al rechazo. Transmitir que el cariño es estable, incluso cuando se corrige una conducta, favorece un apego seguro y una autoestima más sólida.

La amistad ocupa un lugar central en el desarrollo socioemocional. A través de ella, niñas y niños aprenden a compartir, negociar, frustrarse y reparar vínculos. Hablar abiertamente de la amistad —qué se siente cuando alguien nos cuida, cuándo algo nos hace daño, cómo pedir respeto— ayuda a prevenir dinámicas de abuso, exclusión o sumisión emocional en etapas posteriores.

El respeto, por su parte, se aprende desde el reconocimiento de los propios límites corporales y emocionales. Enseñar que nadie está obligado a dar besos, abrazos o muestras de afecto si no lo desea refuerza la idea de consentimiento desde edades tempranas. Este aprendizaje no solo protege, sino que empodera y favorece relaciones basadas en la reciprocidad.

Febrero puede ser una oportunidad para ampliar la conversación más allá del “amor romántico”. Hablar de cariño entre amistades, en la familia, hacia una mascota o hacia uno mismo permite que niñas y niños comprendan el afecto como una red diversa de vínculos, no como algo exclusivo o condicionado.

Educar en el afecto es una inversión a largo plazo en salud mental. Cuando la infancia aprende que el amor se expresa con cuidado, respeto y coherencia, se sientan las bases para relaciones futuras más seguras, conscientes y libres de violencia emocional.

 

Referencias

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