23 Educar en el afecto más allá del “Día del Amor”
23 febrero , 2026
Febrero suele asociarse con el amor y la amistad, especialmente por San Valentín. Sin embargo, educar en el afecto debe ser un proceso constante durante todo el año, no limitado a una fecha concreta. Enseñar a los niños a reconocer, expresar y recibir afecto de manera saludable fortalece su seguridad emocional, la autoestima y sus habilidades sociales.
Los niños aprenden principalmente a través del ejemplo y la interacción con los adultos significativos. Por ello, es fundamental modelar comportamientos de empatía, respeto y comunicación afectiva. Hablar de cariño no solo implica decir “te quiero”, sino también:
- Escuchar activamente cuando expresan emociones.
- Validar sentimientos, incluso los negativos, sin minimizarlos (“entiendo que estés enfadado, es normal sentirlo”).
- Promover gestos cotidianos de cuidado, como compartir tareas, ofrecer ayuda o mostrar atención plena.
El juego, los cuentos y las actividades artísticas son herramientas poderosas para enseñar afecto. Juegos de roles, dramatizaciones con muñecos, dibujo de emociones o cartas de gratitud permiten que los niños externalicen sus sentimientos, comprendan los de los demás y practiquen la expresión afectiva sin miedo. Por ejemplo:
- En un juego de roles, un niño puede representar que cuida de un “hermano” o un muñeco, practicando empatía y responsabilidad emocional.
- Dibujar emociones o crear un “árbol de la amistad” ayuda a identificar qué acciones nos hacen sentir queridos y qué podemos hacer para que otros se sientan así.
- Los cuentos que narran conflictos interpersonales permiten reflexionar sobre emociones complejas y enseñar resolución de problemas y cooperación.
Además, es importante enseñar límites y respeto: recibir afecto también implica decir “no” cuando algo incomoda, y dar afecto implica respetar la autonomía del otro. Aprender estas habilidades desde la infancia ayuda a construir relaciones sanas durante la adolescencia y la vida adulta.
Estrategias prácticas para familias y educadores
- Establecer rutinas afectivas: por ejemplo, preguntar cada día “¿qué fue lo mejor que hiciste hoy?” o compartir un momento de conversación en familia.
- Validar emociones de manera específica: “Veo que te sientes triste porque no pudiste jugar con tu amigo”.
- Fomentar la cooperación en lugar de la competencia: enseñar que cuidar de otros no significa hacerlo para ganar premios, sino por el valor del afecto y la colaboración.
- Promover espacios de expresión artística: dibujo, música o manualidades que permitan comunicar emociones sin depender solo del lenguaje verbal.
- Practicar resolución de conflictos guiada: enseñar a negociar, turnarse y expresar desacuerdos sin agresión.
Los estudios en psicología del desarrollo muestran que los niños que experimentan relaciones afectivas coherentes y seguras desarrollan mejores habilidades de regulación emocional y sociales. También presentan menos dificultades conductuales y una mayor capacidad para establecer relaciones positivas durante la adolescencia y la vida adulta.
Referencias
- Denham, S. A., & Burton, R. (2015). Social-emotional learning in early childhood. Guilford Press.
- Malti, T., & Buchmann, M. (2017). Moral development and social-emotional learning. Developmental Review, 45, 28–43.
- Thompson, R. A. (2015). Socialization of emotion and emotional regulation in early childhood. Child Development Perspectives, 9(1), 3–8.
- Eisenberg, N., Spinrad, T. L., & Eggum, N. D. (2016). Emotion-related self-regulation and its relation to children’s social competence. Annual Review of Psychology, 67, 689–714.
- Denham, S. A., et al. (2015). Emotional and social development in early childhood. Early Education and Development, 26(5–6), 759–777.