Aprender a recibir afecto sin culpa ni desconfianza
27 febrero , 2026
Muchas personas que han asumido roles de cuidador desde temprana edad —ya sea en la familia, la pareja o en amistades— desarrollan patrones de dar mucho y recibir poco. Estas dinámicas pueden generar satisfacción a corto plazo, pero con frecuencia provocan sentimientos de culpa, desconfianza o incomodidad al recibir afecto. El acto de recibir se convierte en un desafío: “¿realmente me lo merezco?” o “¿qué hay detrás de esto?” son preguntas frecuentes que acompañan a estas experiencias.
Varios factores psicológicos y relacionales influyen en la dificultad para recibir afecto:
- Creencias internalizadas: personas que crecieron con la idea de que “dar es más valioso que recibir” pueden percibir el afecto recibido como un lujo o una obligación para devolverlo inmediatamente.
- Miedo a la vulnerabilidad: recibir afecto implica abrirse emocionalmente, lo que puede generar inseguridad, especialmente si se ha vivido rechazo o desapego en etapas tempranas.
- Desconfianza relacional: en quienes han experimentado vínculos inconsistentes, los gestos de cariño pueden ser interpretados con suspicacia, esperando una “trampa” o condición oculta.
- Autoexigencia y perfeccionismo: la creencia de que uno debe “merecer” el afecto o demostrar constantemente que es digno puede limitar la capacidad de disfrutarlo de manera plena.
La investigación reciente sobre apego y bienestar emocional indica que estas dificultades no son un defecto personal, sino patrones adaptativos aprendidos en entornos familiares o sociales específicos. (Mikulincer & Shaver, 2016)
Estrategias para recibir afecto de manera saludable
- Reconocer las propias necesidades: identificar cuándo se necesita apoyo o cariño y permitirse aceptarlo sin culpa.
- Practicar la gratitud y la reciprocidad flexible: agradecer el afecto recibido sin sentir la obligación de “compensar” de inmediato.
- Mindfulness y presencia: centrar la atención en la experiencia de recibir afecto, sin evaluar ni anticipar problemas.
- Comunicación clara de límites y preferencias: recibir afecto también implica poder expresar cómo y cuándo nos sentimos cómodos con ciertas expresiones de cariño.
- Exploración gradual de la vulnerabilidad: pequeños gestos de apertura permiten acostumbrarse al afecto sin sentirse abrumado.
Aprender a recibir afecto tiene un impacto directo en la salud mental y las relaciones:
- Mejora la autoestima y el sentido de merecimiento.
- Favorece la regulación emocional, al sentir que no es necesario cargar solo con todo el bienestar propio.
- Fortalece relaciones cercanas y aumenta la calidad de las interacciones.
- Reduce la sobreexigencia y el agotamiento, típico de quienes solo dan y rara vez reciben.
El proceso no es inmediato: recibir afecto sin culpa requiere práctica, conciencia y, a veces, apoyo terapéutico. Reconocer que merecer cariño no depende de logros ni de la cantidad de cuidado que se da es un paso esencial hacia relaciones más equilibradas y satisfactorias.
En resumen, aprender a recibir afecto implica permitirse vulnerabilidad, reconocer la propia valía y diferenciar cuidado sano de conductas de autoexigencia, estableciendo vínculos más saludables y gratificantes.
Referencias
- Mikulincer, M., & Shaver, P. R. (2016). Attachment in adulthood: Structure, dynamics, and change (2nd ed.). Guilford Press.
- Feeney, B. C., & Collins, N. L. (2015). Thriving through relationships: Social support and thriving. Current Opinion in Psychology, 1, 1–6.
- Neff, K. D., & Germer, C. K. (2017). Self-compassion and psychological well-being. In Handbook of mindfulness and self-compassion (pp. 89–108). Springer.
- Wei, M., Liao, K. Y., Ku, T. Y., & Shaffer, P. A. (2015). Attachment, self-compassion, empathy, and subjective well-being among college students and community adults. Journal of Personality, 83(1), 1–12.
- Brown, B. (2015). Rising strong: How the ability to reset transforms the way we live, love, parent, and lead. Spiegel & Grau.