Niñas y niños jugando juntos tras un pequeño conflicto, mostrando reconciliación y vínculo afectivo en un entorno escolar o de juego.

Amistades en la infancia: conflictos, celos y reconciliaciones

9 febrero , 2026

El valor de las amistades tempranas

Las amistades en la infancia ocupan un lugar central en el desarrollo emocional y social. A través de ellas, niñas y niños aprenden a compartir, negociar, gestionar la frustración y reparar vínculos. Estos aprendizajes, sin embargo, no se dan en ausencia de conflicto.

Por el contrario, los enfados, los celos, las discusiones o las exclusiones temporales forman parte natural de las relaciones entre iguales. Su aparición no indica, por sí misma, la existencia de un problema.

La mirada adulta ante el conflicto

Para muchas personas adultas, los conflictos infantiles generan incomodidad. A veces se tiende a minimizarlos con frases como “son cosas de niños”. Otras veces, se dramatizan, interpretándolos como señales de daño o relaciones poco saludables.

Desde la psicología del desarrollo, ninguna de estas respuestas suele ser la más adecuada. El acompañamiento emocional requiere una posición intermedia que valide la experiencia sin sobredimensionarla.

Conflictos y maduración socioemocional

Los conflictos entre amistades suelen aparecer cuando las habilidades socioemocionales aún están en desarrollo. Dificultades para compartir la atención, tolerar la frustración o expresar el enfado de forma ajustada pueden manifestarse en conductas posesivas o rupturas momentáneas del vínculo.

No obstante, cuando estas situaciones se acompañan adecuadamente, se convierten en oportunidades de aprendizaje relacional.

Comprender los celos en la infancia

Los celos infantiles no deben entenderse como una emoción “negativa”. Más bien, suelen ser una señal de miedo a perder el vínculo. Por ello, es importante ayudar a poner palabras a lo que ocurre.

Frases como “parece que te ha dolido que juegue con otra persona” facilitan la regulación emocional. Nombrar y validar la emoción reduce su intensidad y favorece la reflexión, en lugar de que se exprese solo a través de la conducta.

El valor de la reparación

Las reconciliaciones son una parte fundamental del proceso. Aprender a pedir perdón, escuchar al otro y reparar el daño fortalece la empatía y las competencias sociales.

Cuando las personas adultas resuelven el conflicto por completo, se pierde la oportunidad de que niñas y niños desarrollen estas habilidades de forma progresiva y autónoma.

Acompañar sin sobreproteger

Acompañar sin dramatizar implica confiar en la capacidad de la infancia para gestionar sus relaciones con apoyo, pero sin sobreprotección. Esto no significa no intervenir nunca.

Más bien, supone actuar como mediadores emocionales: ayudar a entender lo ocurrido, facilitar la expresión de sentimientos y promover soluciones respetuosas.

Evitar la minimización emocional

Evitar la minimización es igualmente importante. Expresiones como “no es para tanto” o “mañana se les pasará” pueden generar desconexión emocional.

Para niñas y niños, las amistades tienen un peso afectivo real. Sentirse escuchados y tomados en serio refuerza su seguridad emocional.

Un aprendizaje con impacto a largo plazo

Las amistades infantiles no solo aportan bienestar inmediato. También sientan las bases de futuras relaciones. Aprender que los conflictos pueden hablarse, que los vínculos pueden repararse y que las emociones son legítimas es un aprendizaje protector.

Acompañar desde la calma, la validación y el respeto permite que la infancia construya relaciones más seguras, resilientes y empáticas, sin cargar a los conflictos de un peso que no les corresponde.

Referencias

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