Apego y relaciones: cómo amamos según nuestra historia
20 febrero , 2026
Hablar de afecto y relaciones saludables no debería limitarse a fechas señaladas como San Valentín. La educación afectiva es un proceso continuo que ayuda a niñas y niños a desarrollar habilidades emocionales, sociales y relacionales fundamentales. Estas competencias no solo favorecen su bienestar actual, sino que también sientan las bases para establecer vínculos positivos a lo largo de toda la vida.
El afecto como aprendizaje cotidiano
El afecto no se reduce a palabras bonitas, regalos o gestos esporádicos. Implica reconocer y validar emociones, expresar cuidado de manera consistente y aprender a respetar los límites propios y ajenos.
Desde edades tempranas, los niños aprenden principalmente a través de la observación y la interacción con adultos significativos. Por eso, educar en afecto también significa modelar conductas de empatía, escucha activa y expresión emocional saludable, mostrando con el ejemplo cómo se cuida y se respeta al otro.
Diferenciar afecto, amistad y respeto
Una parte esencial de la educación afectiva es enseñar que afecto no siempre implica contacto físico o regalos. Expresar cariño también incluye acciones cotidianas de apoyo, atención y consideración.
Del mismo modo, aprender a recibir afecto consiste en reconocer lo que nos hace sentir bien y comunicarlo de manera clara. Esta habilidad fomenta la autoestima, la seguridad emocional y la empatía, y ayuda a los niños a establecer límites saludables.
Rutinas como oportunidades de aprendizaje
Las rutinas diarias ofrecen múltiples oportunidades para educar en el afecto:
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Compartir comidas y actividades recreativas.
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Conversar sobre emociones y sentimientos.
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Resolver conflictos de manera respetuosa.
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Participar en actividades colaborativas.
Cada interacción puede convertirse en una enseñanza sobre cómo dar y recibir afecto de manera respetuosa y consciente, reforzando la seguridad emocional y las habilidades sociales.
Beneficios respaldados por la investigación
Los estudios en psicología del desarrollo muestran que los niños que experimentan relaciones afectivas coherentes y seguras desarrollan:
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Mejor regulación emocional.
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Habilidades sociales más sólidas.
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Menor probabilidad de dificultades conductuales.
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Capacidad para establecer relaciones positivas en la adolescencia y vida adulta.
Además, la educación afectiva inclusiva y respetuosa de la diversidad reconoce que no existe una única forma correcta de expresar cariño. Enseñar esta diversidad fortalece la seguridad emocional y permite que los niños se relacionen con otros desde el respeto y la comprensión.
En definitiva, educar en afecto no es solo un mensaje para febrero ni una celebración puntual. Es un aprendizaje continuo que acompaña toda la infancia y proporciona el cimiento para relaciones saludables, empáticas y seguras durante toda la vida.
Referencias
- Denham, S. A., & Burton, R. (2015). Social-emotional learning in early childhood. Guilford Press.
- Cassidy, J., & Shaver, P. R. (2016). Handbook of attachment: Theory, research, and clinical applications (3rd ed.). Guilford Press.
- Malti, T., & Buchmann, M. (2017). Moral development and social-emotional learning. Developmental Review, 45, 28–43.
- Thompson, R. A. (2015). Socialization of emotion and emotional regulation in early childhood. Child Development Perspectives, 9(1), 3–8.
- Eisenberg, N., Spinrad, T. L., & Eggum, N. D. (2016). Emotion-related self-regulation and its relation to children’s social competence. Annual Review of Psychology, 67, 689–714.